miércoles, 26 de junio de 2013

Aunque el  tiempo corriese en mi contra, no iba a parame en ningún momento. Rendirme no era una opción. Los recursos se agotaban, y la vida del mundo se estaba balanceando sobre la vida y la muerte. Y eso significaba la victoria de las tinieblas. Aquello, era la peor pesadilla de mi vida .Por eso, y por todo, me forcé al máximo. Las piernas me fallaban, y mi cabeza daba vueltas pero aun así, avanzaba. Podía sentir  las pisadas de los guardianes detrás de mí, lo cual me alertó, así que decidí esconderme bajo una de las ramas de un viejo árbol. Mi respiración entrecortada se filtraba por las hojas del  árbol, y tenía la esperanza de que no me detectasen. Observaron por todos lados. Uno de ellos casi me ve al acercarse demasiado, pero las grandes hojas me taparon, y pase desapercibida. Cuando por fin, los guardianes desaparecieron, sentí un gran alivio. Era el momento de reemprender la marcha. La luz casi no se filtraba en aquel bosque. No podía ver hacia delante, pero no me quedó más remedio que seguir a mi instinto. Tampoco era algo que me asustase, ya que confío en mi instinto y sé que me puede sacar de esta. Mientras mi pelo se endereza con las ramas de los árboles más jóvenes, no puedo para de sentir como el miedo se apodera de mi. El bosque es denso, y mi destino se encuentra aun  a mucha distancia. No vale la pena rezar a los dioses, porque ellos no me iban a salvar de esta. Y la esperanza ya se había perdido hace mucho tiempo. Y, de pronto, me desvanecí en medio del bosque.
Los momentos siguientes fueron muy confusos. Estaba en una ciudad, que parecía abandonada. Los techos estaban rotos, y se filtraban los rayos del sol, el cielo estaba nublado, y las carreteras parecían tristes, muertas.  Sabía que todo era un sueño, pero aún así continué deambulando por aquella silenciosa cuidad. De vez en cuando oía cantar a algún pájaro perdido,  o sentía las miradas de los animales que habitaban estos escombros, pero me daba igual. Todo era producto de mi imaginación. Pasaron las horas,  y me iba sintiendo cada vez más relajada. Llevaba meses sin sentirme así, pero no duro mucho tiempo. Unos pasos me alertaron. Cualquiera diría que son de animales, pero yo se distinguirlos. Se distinguir un animal de un guardián. Eché a correr todo lo rápido que pude, pero él me alcazaba, y estaba cada vez más cerca, y más cerca…
El sonido de unos crujidos cercanos me despertaron .No sabría decir cuánto tiempo he dormido, tal vez cinco minutos, tal ver media hora, pero ahora esa no es mi primera preocupación. Con rapidez, saco una preciosa daga de plata y me preparo para luchar, o para huir, depende de lo que me convenga. Se va acercando, y con él, mis latidos van aumentando. Las hojas se mueven, una respiración retumba en al aire...
-¿Cómo lo haces, Kate? ¡Siempre te pierdo de vista!- dice una voz masculina, con un ligero tono sarcástico.
-¡Qué susto, Dane! Por un momento pensé...
-Ya sé lo que pensaste, lo intuyo, pero yo pensaba que serías un poco más lista y te darías cuenta de que un guardián no haría tanto ruido.
Con un suspiro de alivio, me vuelvo a tumbar en la hierba. La noche se precipitaba en el cielo, y las estrellas conquistaban la oscuridad. No pude evitar dejarme llevar por mis pensamientos. Si todo salía como era de esperar, las cosas volverías a ser como antes, mi vida sería otra vez aquella tranquilidad, aquel sentimiento de felicidad. Pero, por ahora, las cosas no parecía que fueran a mejorar. Y aquello no hacía más que atormentarme. Y de pronto, como si nunca nada hubiese valido la pena, como si mis sueños se hubieran roto, rompí a llorar. Aquel llanto significaba el desahogo de todas mis penas, de mis miedos, de mis frustraciones. Y pronto, me di cuenta de que no volvería recuperar mi vida. Jamás.
La mañana siguiente, un  fuerte viento, hizo que Dane y yo buscáramos refugio en una alejada zona. Divisamos una cueva, que aparentaba deshabitada. Aquel fue un golpe de suerte. Encendimos una hoguera, deseando que el viento no la apagase. Parecía que el mundo estaba tratando de alejarnos de nuestro destino y aquello me irritaba. Sabía que estaba perdiendo el tiempo tratando de convencerme de lo contrario. La esperanza estaba a punto de volver a aparecer, cuando el viento empezó a amainar, pero una gran lluvia nos impidió avanzar y eso supuso un retraso para nuestros planes. No podíamos perder más tiempo, y este retraso suponía  dos noches sin dormir.

No me paré a pensar en ningún momento que como saldríamos del bosque. El tiempo corre, y si el tiempo te atrapa, has perdido la partida. Veía como las gotas de agua caían al suelo, y aquello me hacía sentir sola.
-No estés triste, Kate. Tarde o temprano, todo acabará- dijo Dane, en un fallido intento de consolarme.
-Nunca acabará. Yo seguiré corriendo del destino, como el resto de la humanidad. ¿Y qué voy a ganar? Nada.
Sentía la comprensiva mirada de Dane. Yo no quiero que me compadezca. Quiero que deje de tener esperanzas en algo imposible. Y así, con un corazón oscuro, me adentré en el bosque, mientras la tormenta amenazaba bajo mi cabeza.
Iba avanzando lentamente bajo la lluvia. Podía oír a Dane llamándome desde la cueva, pero no quería volver. No pensaba volver.
El bosque empezó a recordarme a aquel sueño con la ciudad abandonada. Todo tranquilo, todo triste, todo muerto de alma… o tal vez esa era sensación que tenía de todo lo que me rodeaba. Era una percepción un tanto fría, pero tal y cómo me sentía, me sorprendió que el cielo no me pareciese “tétrico”. Llevaba ya bastante tiempo en el bosque, cuando me di cuenta de que la lluvia ya casi se había ido. Con un suspiro de decepción, volví tras mis pasos hacía la cueva. Cuando llegué, Dane ya había recogida las cosas, la hoguera estaba apagada, y me miraba con cara de reproche.
-Al menos has tenido la decencia de llegar para salir a tiempo.-dijo, con una mirada de enfado.
-Alégrate de que al menos haya decidido volver.
Dane no tenía la culpa de  que me sintiera vacía, pero no pude evitarlo. Con un gesto, nos dirigimos hacía norte, con la esperanza de poder encontrar la salida. La oscuridad de aquel lugar era inmensa, pero eso no nos detuvo. Avanzábamos rápidamente bajo el lugar. El bosque era nuestro campo, habíamos nacido para desplazarnos con facilidad por la tierra boscosa. Ya no estaba mareada ni dolorida, y eso me permitía moverme con más libertad y confianza. Decidí intentar subirme a un alto árbol, para ver si podía ver la salida. Tardé un rato en llegar a la cima, y cuando lo hice, la vista me impactó. Los árboles  tapaba todo el terreno, haciendo casi imposible la tarea de localizar a alguien desde el cielo. Había todo tipo de árboles en aquel lugar, desde abetos floreciendo de la tierra, hasta pinos que se balanceaban con elegancia. Las estaciones parece ser que no existían en aquel lugar, ya que había de todo tipo de árboles. Desde verdes, como los de la primavera, hasta blancos, como los que se cubren de nieve en invierno. Hipnotizada por aquel fascinante lugar, casi se me olvida la razón para haber subido al árbol. Divisé la salida a escasos metros de nosotros, así que bajé, guardando en mi corazón la imagen de aquel bello lugar. Transmití a mi compañero donde estaba la salida, y sin pensarlo dos veces, nos dirigimos rápidamente hacía allí. Poco a poco, veíamos la luz delante de nosotros. Con el corazón en un puño, apartamos las ramas y las hojas que nos tapaban, avanzando hacía la salida del profundo bosque. La luz nos cegó la vista al principio. Tuvimos que acostumbrarnos  para poder continuar. Habíamos llegado a las afueras de un pequeño pueblo. Las pobres casas que estaban a lo lejos transmitían la pobreza en la que nos encontrábamos. El agua escaseaba y todo el dinero acaba en manos del Predar, el centro económico de Alnia. La gente se moría de hambre mientras ellos disfrutaban de miles de comodidades, lo cual me ponía furiosa. Atravesamos el pueblo, no sin un dolor en el pecho. El Predar pagaría por esto. Seguíamos caminando bajo el sol abrasador. Me pareció increíble que hace unas horas estuviera lloviendo, y ahora el sol nos este asfixiando, pero eso no era excusa para pararnos. Dane tampoco llevaba bien el camino. Sus mejillas se habían pintado de rosa bajo el calor, y su pelo negro estaba mojado del sudor. No tenía buena cara, así que le di mi cantimplora con agua. Me lo agradeció con una sonrisa. La verdad es que por ahora no tuvimos ningún problema, y eso no me parecía normal. Aquí pasaba algo, pero lo pensé demasiado tarde. Una emboscada nos rodeo justo cuando yo saqué mi daga. Eran tres, e iban a caballo. Si no actuaba ya, estaríamos muertos. Sin pensarlo dos veces, clave mi daga en la pierna de uno de los jinetes. Con un aullido de dolor, saltó del caballo y sacó una espada. Eso le daba ventaja, pero su herida le volvía torpe. Dane sacó su arco y apuntó a uno de los caballos más lejanos. Acertó un el corazón del animal. Su jinete cayó rodando al suelo, inconsciente. Le quitó la espada y se acercó al tercero. Mientras, mi contrincante me había herido el brazo con su espada, pero el jinete, jadeante, no soportaba más. Se estaba desangrando. En ese momento de confusión, cogí mi daga y se la clave en el corazón. No sentí compasión, tampoco pena. No tenía razones. Vi como Dane intentaba vencer al tercero, y no dude en acudir en su ayuda. Cogí la espada del muerto con el brazo bueno, y corrí hacia ellos. Mi compañero había conseguido clavarle la espada en el pie, pero esa no era una herida mortal. Se negaba a bajar del animal, y no tuvimos más remedio  que clavar mi daga en la pierna del caballo. El pobre rugió de dolor, y el jinete saltó justo a tiempo para no acabar inconsciente. Cogió su espada, y la calvó en la pierna de Dane. Este cayó al suelo,  y gimió de dolor. Mientras el jinete celebraba su victoria, aproveché y me lancé sobre él con toda mi furia. Rodamos cuesta abajo, deseando  tener yo ventaja. Me separé de él y me preparé para luchar. Aunque yo estuviera herida, seguía siendo más ágil y veloz. Con un aullido, el jinete corrió hacia mí, con la espada en el aire. Esquivé  el ataque torpemente, y pude sentir como me dolía amargamente el brazo. La herida era de un tamaño considerable, pero no me pensaba rendir. Ataqué con la espada, pero me bloqueo el ataque con la suya. Intentaba resistir, pero su fuerza era mayor. Perdí el equilibrio, mi espada voló lejos de mi y caí de bruces al suelo. Con una sanguinaria sonrisa, el jinete alzó su espada el aire. Estaba perdida. Todo había sido en vano. Mi último pensamiento fue para Dane. Deseé que saliese con vida. Su espada se acercó a mí…
Pero se paró en seco. Los ojos del jinete se habían abierto de par en par, de la sorpresa. Miró hacia abajo, y no pudo creerlo. Una flecha había atravesado su pecho, y la sangre caía. Su arma cayó, y se desplomó, muerto. Mi corazón seguía latiendo con fuerza. No comprendí que estaba pasando. De pronto, una voz masculina muy familia sonó de desde al cima de la cuesta:
-De nada, pequeña.- dijo Dane, con una sonrisa sarcástica.
-Pensé… que iba… a morir- dije entrecortadamente
-¿No confías en mi?-preguntó haciéndose en ofendido.
-Francamente, Dane, pensé que huirías.
-Ja -rió de una manera exagerada- ¿y dejar a una dama en apuros? ¿Cómo voy ha hacer eso?
-Tenía pocas esperanzas- dije, aun con el corazón latiéndome  a mil por hora- Aaa, y Dane…
-¿Si?
-No me vuelvas a llamar pequeña. Tenemos la misma edad, no te hagas el caballero grande y valiente. Porque si hay  que describirte, te parecerías más a un viejo loco que vive en un sótano.
Se puso reír. No se cómo lo hace, pero a cualquier situación le encuentra una parte divertida. Me levanté, dolorida. Dane cojeaba.  En aquel momento me di cuanta de que no sé como vamos a avanzar.
-Tranquila, un caballo ha sobrevivido-dijo, adivinando en lo que pensaba- y parece ser que quería mucho a su amo, porque no ha huido.
Primero subió él, y luego me ayudó a mí. Cargamos con las cosas que pudimos quitarles  los jinetes que eran: tres espadas, un saquito con monedas y un cuchillo. Cabalgamos en dirección a una antigua ciudad que se encontraba a una semana a pie. Pero cabalgando, se reduciría a tres días sin descanso. Habíamos perdido mucho tiempo, y no quedaba más remedio que cabalgar sin parar. Aunque era mejor eso, que una semana a pie. Pronto cayó la noche y la oscuridad dificultaba nuestra trayectoria. Yo caí rendida, sujetándome en Dane, mientras las estrellas iluminaban la noche.
Me desperté al amanecer, algo confusa. Estábamos en un lugar desconocido. Nunca lo había visto. Estaba desierto, tenía varias plantas medio muertas en algunos lugares. El color del cielo naranja no ayudaba a que el lugar pareciera acogedor. Se podías ver cabañas  a lo lejos. Me pregunté cómo a alguien le puede gustar este lugar.
-Buenos días, bella durmiente-dice Dane.
-¿Dónde estamos?
-¿Ni un “buenos días” siquiera?-pregunta.
-Bueno días. ¿Donde estamos?
-Supongo que sirve-suspira- estamos en el desierto de Al-Dar. Ya casi lo hemos cruzado. Allí está La Ciudad del Olvido, que también la tenemos que cruzar. ¿Y tú qué? ¿Cómo has dormido, princesita?
Ignoré el último comentario de Dane. Aun quedaba camino por delante, pero ahora menos. Parece ser que la suerte estaba de nuestra parte. Decidí examinar mi herida. Me asombré al ver que no se había infectado, y que en unas semanas sanaría por completo.
-Dane… ¿Qué tal tu pierna?- pregunté
-No lo sé. No he tenido tiempo de examinarla.
-Pues mejor hacerlo. Si se ha infectado, sería mejor que acudiésemos a pedir ayuda cuanto antes.
-Pero tenemos que…
-Esperarán. El trato con ellos no era encontrar El Libro de la Procedía, a cambio de tu pierna.
Rió. No se si le hizo gracia, o si simplemente lo necesitaba, pero me pareció un tanto triste. Hace unos meses jamás habría bromado con algo así. Bajamos del caballo y miré la herida de Dane. No parecía infectada, aunque era profunda, así que saqué de mi bolsa la última venda que me quedaba, y se la puse a la herida, pero antes al rocié con agua. Él gimió, pero no se opuso. Al acabar, subimos al caballo, esta vez yo a las riendas. Pasamos el desierto de Al-Dar sin ningún problema, y nos dirigimos a La Ciudad del Olvido. Aquel lugar me heló la sangre de las venas. Parecía una ciudad fantasma, como esas de las leyendas. La niebla cubría el lugar, y el viento parecía que tuviese vida. Avancé, algo más despacio ya que el caballo percibió mal aquella cuidad. Y no le culpaba. Si pudiese, yo también me largaría. La cruzamos en unas horas, y cuando la ciudad se perdió en el horizonte, me tranquilicé. Ahora ya sé por qué la llaman La Cuidad del Olvido. Cualquiera la desea olvidar.
-Nos estamos desviando, Kate
-¿Cómo? Pero si estoy siguiendo la ruta.
-Pues nos estamos desviando. Ahora mismo deberíamos ver el mercado de la Plaza Vantía, y no está aquí. La veo muy al este nuestro.
Giré mi cabeza, y allí estaba. No comprendí por qué había ocurrido eso, pero guié al caballo hasta allí. Rodeamos la cuidad en unas horas. La música y la alegría del lugar me atraían, pero no podía pararme. Ya habías parado una vez hoy y no nos podemos permitir el lujo de pasarlo bien. Así que cabalgué hasta dejar atrás el mercado. La noche se asomaba, y todavía no habíamos llegado a nuestro destino. Estábamos a las afueras de una pequeña ciudad. Tras pasar esa ciudad, a una hora a caballo, estaba nuestro destino. Aceleré todo lo que pude. Sentía los ronquidos de Dane. Había caído redondo. Se había apoyado en mi, y me costaba trabajo cabalgar así. Pesaba más de lo que imaginaba. En una noche crucé las afueras y la cuidad. El sol se asomaba en el cielo y solo quedaba una hora para que nuestro viaje acabase. Una sonrisa se asomó por míboca
-¿Dónde estamos?- preguntó Dane, algo somnoliento.
-¿Y el “buenos días”?
Sonrió. La verdad es que las cosas por fin marchaban bien.
-Buenos días
-Estamos a una hora de la casa del Maestro. Casi hemos llegado.
-Espero que esto no sea un sueño.
-No lo es-respondo.
Mientras recorríamos el último tramo de camino, no podía dejar de pensar en todo lo que estaba a punto de cambiar. Me pasé tiempo soñando con vivir feliz, en una casa. Imaginé las fiestas y las sonrisas de aquellos viejos recuerdos. Que los Magos Oscuros abandonasen aquel lugar, no sin antes sufrir sin piedad. Que mi familia pudiese sonreír son el miedo corriendo por sus venas. Que todo volviera a ser cómo antes. Me pase mucho rato, soñando con la felicidad. Y de pronto el caballo se frenó en seco. Ya habíamos llegado.


EL MAESTRO DE LOS PROSCRITOS

Rocé aquella vieja puerta de la casa de madera. De pronto, sentí un cosquilleo que recorría mi cuerpo, y comprendí que la puerta estaba sellada.
-Tenemos un problema. La puerta está sellada.
-¿Por qué?
-No lo sé, pero hay que largarse de aquí cuando antes.
-Por qué hay que…
No le dejé acabar la frase. Me alerté bajo la sensación de presión. Cogí  a Dane del brazo y corrí lejos de aquella casa. Sentí el calor…
Y todo estalló en llamas. Llegué a tiempo para tirarme encima de Dane y caer al suelo, para que no llegase ningún escombro hasta mí o mi compañero. Tuve que toser para no asfixiarme
bajo las sofocantes llamas. Rodé por la llanura, y miré otra vez hacia la casa. Todo ardía bajo el fuego y brillaba con un ardor maligno. Dane se había incorporado y avanzaba hasta mí.
-¿Qué ha pasado?
-Todo ha ardido- dije, respondiendo a lo obvio- pero esto no lo ha hecho el Maestro. Alguien sabía que íbamos a estar aquí.
-¿Cómo quien?
-El Caballero de la Oscuridad-dije, mientras mi voz se ahogaba al pronunciar aquel nombre.
Recuerdo esa historia que se contaba por los pueblos cercanos a la Plaza. Según aquellas leyendas, el Caballero  de la Oscuridad era un mago  de un corazón negro, que se alimentaba de las almas de los más débiles. Cuando saciaba su sed, su poder era más fuerte que nunca. Actuaba en lugares llenos de vida, ya que eran su debilidad. Según el gobierno, el mago se encontraba encerrado en una prisión lejos de las vidas. Pero cuentan los rumores más recientes, que ha huido, y aunque el gobierno lo niega, todos saben que es verdad, que está oculto, que pronto actuará… y no ha tardado demasiado.
-¿Pero que dices, Kate? ¿No te habrás dado con alguna roca o algo?
-Piénsalo bien, Dane. ¿Quién sería capaz de crear algo tan maligno en un lugar tan oculto? Nadie tiene el suficiente poder como para crear algo tan… grande y destructivo. Además, nadie se iba a molestar en quemar esto… a menos que sepan lo que nosotros sabemos. Ni siquiera el nigromante.
-Pero… ¿El Caballero de la Oscuridad? Suena descabellado.
-Haz caso a al muchacha-dijo un voz cansada y vieja, detrás de nosotros- porque está en lo cierto.
No giramos a la vez. Un hombre de una estatura media, viejo, y con la ropa gastada miraba donde antes se encontraba la casa de madera.
-¡Maestro!- grité, sin pensarlo dos veces.
-Katherine. Cuánto tiempo –dijo el Maestro- Estás horrible. Pareces la protagonista de una película de terror. Anda, ven-dijo, y este se fijó en Dane- tú también tienes que venir, Dane.
Agradecidos, le seguimos  los dos por una senda que llevaba hasta en corazón de un bosquecito. Este no tenía nada que ver con el otro que cruzaron hace varios días. La luz aquí jugaba con las gotas de agua de las hojas de los árboles, creando un arcoíris de colores tras ellos. Su belleza excepcional se basaba en las flores,  y los pájaros cantaban alegres sintonías. Mientras yo me embobaba bajo los efectos relajantes de aquel  lugar, Dane se me movía como si algo malo fuese a pasar. Intuía que algo iba a pasar. Tenía mala cara, así que le miré interrogante. Este me miró un par de segundos, y me sonrió cálidamente. Algo le rondaba por la cabeza, pero no me pensaba decir. Me giré hacia el Maestro y vi que se había parado. Una gran casa de piedra se alzaba sobre nosotros, grande y firme. Estaba  rodeada de pequeñas flores azules como el cristal que  se asomaban, tímidas, alrededor. La casa era alta, tanto, que superaba a los árboles de mediana estatura. El Maestro abrió la puerta de la casa, y nos invitó a entrar. Dentro, el ambiente era distinto. Los colores no abundaban lo cual lo hacía bastante triste. No podías oír el cantar de los pájaros, y ningún fuego  alumbraba ni daba calor a aquel lugar, pero lo prefería así. Después del pequeño accidente, el fuego sobraba bajo cualquier circunstancia. La estancia tenía pocos muebles, todos de un diseño clásico. La luz de fuera no mejoraba su aspecto, ya que era tan débil, que prácticamente todo se iluminaba por una pequeña lámpara situada en la esquina. El Maestro nos invitó a sentarnos en una cómoda que había.
-¿Lo tenéis?-preguntó
Los dos asentimos, y le dejamos junto a la mesita un viejo libro. A simple parecía un libro como todos los demás, solo que algo más elaborado. Y aunque solo se trataba de un libro, dentro contenía el secreto para salvarlo todo.
-Los dos sabéis que  la energía de este mundo se está agotando. Pronto, todo lo que conocemos no será más que escombros, fuego, destrucción y muerte – dijo el Maestro, con un tono de voz muy serio- Por eso os envié a vosotros a buscar este libro. El Libro de la Procedía contiene el secreto para que la energía vuelva a fluir por nuestro mundo. Me he sorprendido lo mucho que habéis madurado los dos, sobretodo tu Kate. Dane, tu en cambio has entendido por fin lo que es trabajo en equipo. Formáis un gran equipo junto. El caso es que necesito leerme este libro, y así comprender mejor este lugar. Y vosotros necesitáis descansar, así que vamos a aclarar los detalles mañana. Pero lo que necesito de vosotros ahora mismo es que digáis si el nigromante se encontraba donde estaba el libro.
-No se encontraba allí, pero si estaba cerca. Escapamos por los pelos de sus guardianes por el bosque. L a pobre Kate se había desmayado y yo no me conseguía orientar. Aunque los guardianes son fuertes, lo compensan en estupidez- dijo Dane, sin poder evitar una carcajada.
-Vaya, así que guardianes… - murmuró el Maestro –ha empezado a jugar sucio.
-Parece ser que si.- respondí- pero lo raro fue que los guardianes nos esperaron fuera, después de coger el libro.
- Eso es porque la única manera de coger el libro, es si lo deseas de verdad. Como nuestro querido nigromante no lo deseaba, no tuvo más remedio que arriesgarse.
- No ganó mucho- dijo Dane.
-Bueno, chicos, id a descansar arriba. Yo me quedaré inspeccionando el libro.
Subimos arriba. El cuarto de Dane era el primero, así que él entró primero. Mi habitación se encontraba al final del pasillo y cuando entré, no pudo evitar emocionarme. Todas mis viejas cosas se encontraban allí, decorando la estancia. Cogí mi viejo gatito de peluche y lo abracé. Añoraba los viejos tiempos, y esto era lo único que me quedaba. Me tumbé en la cama, y me dormí, con la esperanza de ver en mis sueños  mis mejores recuerdos.
Por desgracia, las pesadillas ganaron otra vez. Un hombre vestido de negro me perseguía por las calles de la Capital. Nadie se paraba ayudarme, nadie me intentaba salvar. Ignoraban completamente mi presencia, mientras el hombre avanzaba hasta donde yo estaba. Luchaba por correr, por huir, pero estaba paralizada. Estaba cada vez más cerca. En menos de un minuto, se encontraba frente a mí. Podía ver su pícara sonrisa bajo aquella capa que lo cubría. Levantó la cabeza, y me observó en la penumbra.
-¿Dónde está el libro? – dijo, mientras su voz me causaba escalofríos.
- No… no te lo diré- dije, aunque mi voz estaba llena de terror.
Entonces rió. Sonó en las calles, sonó en mis oídos, sonó en mi mente, y esta se quedaba grabada en mí, sintiendo cómo me destruía por dentro. Y su quitó la capa. Su rostro era de una belleza oscura, elegante, pero a la vez peligrosa. Era joven, más joven de lo que yo me podía imaginar, sus ojos color miel me observaban, burlones.
-¿Dónde está el libro?- repitió- Dímelo, porque no volveré repetirlo.
-¿Y que vas a hacer? ¿Matarme?- dije, con algo más de valía – al fin y al cabo, yo no te sirvo para nada muerta.
-¿Matarte?- rió- Pero si esto es un sueño.
Estaba a punto de decir algo, cuando de pronto, vi que estaba en mi habitación, sola, y con mi corazón todavía latiendo. Según el reloj de la pared, había dormido tres horas. Y aunque el tiempo nunca fallaba, juraría que solo habían sido diez minutos. Me levanté, y me di cuenta de que estaba temblando. Me apoyé en una vieja mesita de noche, hasta que volví a estar bien. Abrí la puerta de mi habitación y me dirigí hacia las escaleras de abajo. Pero me paré delante de la puerta de Dane. Recordé cuando íbamos por el bosquecillo, y su mirada asustada. Algo le pasaba, así que decidí entrar. Su habitación estaba llena de cuadros viejos, de comics, y de libros. Eran sus cosas de cuando era pequeño. Me pareció increíble aquella habitación. Era como si no hubiera sitio para sus cosas. Le vi en el escritorio, leyendo. Me acerqué a él y él me vio justo cuando estaba al lado suyo.
-¿Qué pasa? ¿Te sientes solita?- dijo irónicamente
- Dane, cuando estábamos en el bosque… ¿Qué era lo que te preocupaba?
Se me quedó mirando un largo rato. Aquella mirada me hacía sentir incómoda. Al final suspiró y me dijo:
-No era nada, Kate. Solo pensé que si eso lo había hecho el Caballero de la Oscuridad, debió de hacerlo hace poco. Lo cual significaba que nos debería de estar viendo en ese instante, y que nos podría seguir a cualquier lugar.
Se me pusieron los pelos de punta. Tenía razón. Nos podría haber estado observando desde el principio. Es más, nos podría estar viendo ahora mismo. Podría habernos escuchado cuando estábamos hace unas horas hablando, y puede que se estuviera riendo cuando la casa de madera estalló en llamas. Aquello no era una buena noticia.
-¿¡Por qué me lo dices ahora!?- le espeté
-Creía que simplemente era paranoias mías.
- Te juro que…
No llegué a acabar la frase. Un grito desde la planta baja me interrumpió. Los dos bajamos corriendo a ver lo que sucedía. Cuando llegué, me quedé helada. El Maestro yacía, inerte, en el suelo de la sala. Se veía si respiración débil, mientras su rostro, blanco como la nieve, parecía muerto. A su lado, un hombre vestido de negro se reía, mientras  el sonido retumbaba en las paredes. Reconocí aquella risa, reconocí su capa negra y reconocí aquella sensación de pánico. Era el hombre de mi pesadilla.
-¿Quién eres?- preguntó Dane.
-Eso no es relevante- dijo el hombre, y en la realidad, su voz era más suave que en mi pesadilla.
-¿Y por qué te escondes bajo esa capa, cobarde?- dijo Dane.
-¿Esconderme? Tu amiga ya me ha visto sin mi capa. ¿Por qué no le preguntas a ella?
Dane me miraba, sin comprender. El miedo de mi corazón se fue transformando en furia. Respiré hondo.  Le miré a los ojos, y grité:
-¡Fuera de aquí! ¡YA!
Al principio, no dijo nada. Se quedó mirándome. Volví a sentir el miedo, y me encontré otra vez en la situación de mi pesadilla. Paralizada. Avanzó hacia el cuerpo del maestro, que se encontraba a un paso de la muerte. Con todo el odio del mundo, le clavó en el corazón una daga de plata, con una empuñadura con bordados del bosque. Miré más detalladamente aquella daga tan familiar. Me horroricé al darme cuenta de por qué me resultaba tan familiar. Era mi daga.
-Primero el deber, y luego la diversión ¿no creéis?- dijo el hombre, aun con esa sonrisa.
-El Caballero de la Oscuridad- murmuré.
Levanté la cabeza. El hombre rozó el pecho del maestro, y una débil luz iluminó su cuerpo. Se estaba llevando el alma del Maestro. Dolor, pena, ira, tristeza, furia… todo se llenó en mi corazón de un solo golpe. Corrí hacía el Caballero de la Oscuridad y me lancé sobre él. Cerré los ojos  y deseé  haber llegado a tiempo, que su alma volviese a mi Maestro, que nada de esto estuviera pasando. Parece ser que le pillé por sorpresa, porque no lo esquivó.  Abrí los ojos, y me topé con unos ojos de color miel, llenos de rabia. Pero no le temí. Había matado a una de las personas más importantes de mi vida, mi única figura paterna, mi único recuerdo vivo del pasado. Busqué mi daga, y de divisé al otro lado de la habitación. No perdí un segundo más y salté a por ella. El Caballero lo intentó, pero en vano. Dane le lanzó una flecha, con tanta precisión, que le arrancó la capa. Y así dejó al descubierto su rostro, lo cual fue una sorpresa para Dane. Joven, alto, con el pelo listo y algo largo. Su color era de un marrón claro, tan claro, que lo confundías con el rubio. Y era demasiado atractivo para ser un asesino. Pero yo no me inmuté, simplemente cogí mi daga e intenté atacar por sorpresa. Dane y el Caballero se seguían mirando de arriba abajo, cómo si  se estuvieran estudiando. Así que yo aproveche, y le cogí y puse mi daga en su cuello. Pero nada. Ni furia, ni miedo, ni pena… era cómo si todo esto lo hubiese planeado con antelación. Pero…  ¿cómo iba a saber que iba a ocurrir?
-¿Qué piensas hacer ahora, ehh, Caballerito?- pregunté, algo sonriente
-No me vas a matar
-¿A, no?- dije, mientras clavaba cada vez más fuerte mi daga en su cuello hasta que salió un hilillo de sangre - bueno, lo haré, si antes no me dices donde está el libro.
Una exclamación de sorpresa apareció por los rostros de Dane y del Caballero. El Caballero pensó que no me había fijado, pero al fin y al cabo, tengo una buena vista. Dane, en cambio, ni se había dado cuenta. Buscó en la mesa de trabajo del profesor, pero no lo encontró. Me miró, interrogante, pero no era el momento de jugar a las preguntas.
-¿Dónde está?- pregunté
Mi una respuesta fue una risita que se sacó de quicio.
-¿¡Dónde está!?
-En otro lugar, donde jamás lo encontrareis.
Ya no le soportaba más. Me enfurecí tanto, que acabé por ponerme roja. Mi sangre hervía de rabia.
-¡¡HE DICHO QUE DÓNDE ESTÁ!!
De pronto, algo nos empujó a Dane y a mi hacia el atrás cayéndonos al suelo. Mi vista se volvió borrosa, y mi cabeza daba vueltas, pero parece ser que mi oído estaba bien porque antes de desmayarme pude oír:

-Me puedes llamar Johan.
Y caí rendida en el suelo de la habitación, junto al cuerpo del Maestro.
Me levanté, aun con la cabeza dolorida. Vi a Dane en el otro lado de la habitación, inconsciente, así que me arrastre hasta él, ya que no me podía levantar. Intenté despertarlo, pero solo obtuve un quejido cómo respuesta. Aun estaba  confusa y no podía moverme bien. Decidí quedarme allí, al lado de Dane. Me sentía sola, olvidada, cómo si fuese un peón en toda esta historia… me sentí débil. Rompí a llorar, porque sabía que lo necesitaba. Necesitaba desahogarme, necesitaba soltarlo todo. Cómo no nos dimos cuenta antes de todo, cómo… Y entonces me figué de algo. Miré el cuerpo del Maestro. Llevaba encima una vieja cadena de oro con una estrella como símbolo. Reconocería aquel collar a un kilómetro de distancia. Era en collar de protección. Se utiliza cuando quieres que la magia negra no te dañe. Entonces el Maestro debería haberlo supuesto todo, sabía que el Caballero iba a venir, sabía que nos iba a robar el libro… y sabía que iba a morir. No podíamos escapar, ya que él nos iba a seguir, y no podíamos hacer nada para evitarlo. Así que lo único que podía hacer era resistir y aguantar hasta que él llegase. Pero, claro, intentó sobrevivir. Decidí intentar llegar a su escritorio. Parece ser que iba mejorando, ya que ahora podía andar más o menos. Me acerqué al escritorio. Todo lleno de papeles y hojas en sucio. Rebusqué entre sus cosas. Desordené papeles, libros, sobres, cartas… todo. Debería encontrar en alguna parte sus apuntes sobre el libro, o sus deducciones. No tardé demasiado en encontrarlo. Estaba envuelto en una manta de color azul. Al desenvolverlo, encontré algo sorprendente. Se trataban de miles de ojas, como si fuese un libro. Había reescrito el libro. Me alegré mucho de la astucia de Maestro. Pero necesitábamos las deducciones. Miré el final de las ojas, pero solo vi el final del libro. Debían estar por aquí. Miré por todas partes, pero no las encontré. Aunque teníamos el libro, tardaríamos siglos en descifrar lo que teníamos que hacer. En ese momento, Dane se despertó. Me miraba, con sus ojos como esmeraldas. Me  asusté al principio. Se apoyó en la pared, y se acercó hacia mí.
-¿Qué estás haciendo?
-Buscar las deducciones del libro del Maestro- dije, mientras una lágrima brotaba de mí
-Creo que la tiene el Maestro. Antes de caerme al suelo y caer inconsciente, juraría que llevaba en el bolsillo algo. Mira a ver.
Le mire, agradeciendo que se hubiese fijado. Poco a poco, me acerqué a ver al bolsillo. Busqué y ahí estaba. Un viejo sobre. Estaba a punto de abrirlo, cuando Dane me dijo.
-Antes, explícame cómo es que habías visto ya al Caballero y cómo sabías que se había llevado el libro.
Me sorprendí. No le había explicado lo del sueño, ni tampoco lo de mis pesadillas. Así que lo hice. Le relaté cómo me perseguía por las calles, cómo me preguntó por el libro y cómo se había colado en mi mente. Él me escuchaba serio, sin preguntar ni interrumpir. Parecía sorprendido.
-¿Y por qué haría algo así? ¿Por qué te iba a pregunta cuando era tan sencillo como robarlo?
-No lo sé. A lo mejor es que está loco.
-No está loco. Simplemente es oscuro.
Y entonces recordé algo bastante extraño. Antes de caerme al suelo y desmayarme, alguien me dijo “Me puedes llamar Johan”. ¿Sería el Caballero? ¿Sería otra burla de él? ¿O simplemente me lo había imaginado?
-¿Estas bien, Kate? Tienes una cara…
-Si lo estoy, es que todo esto…
-No pasa nada. Te ayudaré
Y me abrazó. La verdad es que echaba de menos sentir a alguien a mi lado. Ahora más que nunca necesitaba que alguien me apoyase.
-Bueno, princesita, ¿a que esperas? Abre el sobre.
Me reí. Ya no me molestaban  los motes ridículos ni las tonterías. Abrí con cuidado el sobre. Dentro, estaba escrito esto:
                  

                Las cosas no mejoran. El Caballero  no tardará en venir. Por eso, queridos,
                Os dejo esta carta. Os cuento. He hecho mis investigaciones, y llegado a la
                Conclusión de que tenéis que llegar la Cuidad del Olvido. Ya se que ya pasasteis por                    
                Ahí, así que supongo que no tendréis ningún problema para llegar hasta allí. Encontrad a         
                Nico, mi viejo amigo. Él os ayudará a decidir donde tenis que ir, ya que a mi
                No me ha dado tiempo ha investigar acerca del libro. Por eso llevadle la copia del libro
                Que hay encima de mi escritorio en vuelta en una manta azul. Buena suerte

                                                     Maestro.

Doblé la carta. Siempre iba un paso por delante de mí.Pero en ese momento me sentia perdida.Si me levataba iba a volver a recorrer un camino que no queria seguir.Pero ya era hora de dar la cara.Dar la cara por algo que deberia de haber acabado hace mucho tiempo.Me aparte de Dane y me levante.Estaba mareada asi que perdi el equilibrio, pero Dane me sujeto a tiempo.Subi arriba, recogi mis cosasa y avance hacia la puerta.Pero algo me sujeto.
 -Estas segura de que queres ir ,Kate.Pareces...
-Debil?Tranquilo, lo he vivido mas veces.
-Eso no significa que lo tengas que volver a vivir.
-En realidad si.
Sali fuera con el paso acelerado.Habia mucho camino que recorrer, y sin un transporte, iba a ser duro.El sol me hacia la visao hacia delante casi imposible, mientras mis piernas todavia tembalaban ligeramente.Me empezaba a marear, por la fuerza del calor.Pero segui.No iba a abandonar a toda la humanidad a su suerte.Paso a paso, me iba apoyando a los arboles que habia a mi encuentro.Pero no agunate mucho.Pronto, tropece con una rama y cerre los ojos...
pero algo me agarro por la cintura.
-A donde vas sin mi?- fue lo ultimo que llegue a oir antes de caer en un profundo sueño.

Me encontraba en una habitacion oscura.Avanzaba sin rumbo hacia delante mientras intentaba comprender donde estaba.Paso poco tiemp, hasta que llegue a un vieja biblioteca, iluminada por una vela en la esquina.Revise los libros.Todos trataban de magia negra.Cada cual tenia una portada diferente, pero todas con el mismo titulo."El futuro de la magia negra".Cogi uno de los libros para ojearlo, pero una risa me interrumpio.Era diabolica, tanto, que me congelo los huesos.Lanze el libro hacia el lugar de donde provenia la risa, pero falle.Alli no habia nada.Avance para investigar la zona, pero todo estaba oscuro.Me fije en la vela que alumbraba los libros.La cogi y avance en  la oscuridad.Solo habia una alfombra clasica y unos cuantos cuadros.Nada mas.Pero me di cuenta de que detras de mi habia un escalera.Conducia  a la parte de arriba del lugar.Subi con precaucion, mientras el chirrido de las escaleras hacia que mi corazon se parase.Subi es ultimo escalon, pero justo entonces una mano me tapo la boca.Al principio pense que era Dane.Pero aquella voz tan infernal no podia ser suya:
-Vas a algun lado?
Intente deshacerme de su mano, pero no pude.Me cogio mas fuerte y se acerco a mi oido:
-O es que simplemente cotilleabas mis cosas?o crees que deberias pedirme permiso?
Intente decir algo, pero solo salio un gemido.
-Bueno, de todos modos, pronto sera tu casa.
El ultimo comentario me sorprendio, y antes de que pudiera reaccionar ya me habia despertado.Cabalgaba en un caballo, lejos de aquella casa.Dane dirigia al caballo.Estabamos de camino a casa de Nico a unas horas de la Ciudad del Olvido.Respire hondo.Era una bendicion ver la luz en vez de la oscuridad.
-Como has dormido, bella durmiente?
Normalmente comentarios asi los ignoraria, pero en vez de eso le abrace.Era mejor tenerle a el en vez de a cualquier otro que la menospreciase.
-Ehh que pasa, ni que hubieras teniado un pesadilla.
-No  me pasa nda- respondi apresuradamente.- es solo que... te queria dar las gracias.Por todo.Sin ti... estaria muerta.
Se giro y me miro.Me oservo un buen rato hasta qeu al final dijo:
-Yo te debo mas.Te lo debo todo.Te debo tener con quien pasar  mi vida.Te debo seguir aqui.Te debo que todavia confie en mi.Te debo mi fuerza.Porque tu me salvaste y me llevaste con el Maetro cuando todo en mi vida estaba perdido.Cuando mas te necesite... tu estabas alli.Gracias
No me lo esperaba.Le sonrei.Siempre esstaba alli cuando le necesitaba.Y aun asi me hace sentir bien.Como si nada importase.Apoye mi cabeza sobre su espalda.


            
                                            

martes, 25 de junio de 2013

                          CANCIÓN







Quiero verte negándomelo todo.
Te quiero ver  con esa necesidad de sonreír.
Que todo sea de ese modo
¿Que tienes que  repetir?
Si ya te lo he enseñado.
Porque todo lo que necesito
Es creer en mi.
Y olvidarme de las decepciones que vi.

Te voy enseñar, lo que puedo
Te voy a demostrar, que lo intento.
Te quiero hacer ver que todo lo que doy
Es para hacerte que valgo para esto
Hacerte seguir otra vez el ritmo.
Porque quiero... porque necesito seguir
Cuando todo es un sueño que vale la pena vivir.
No pienso dejar que aquel recuerdo que me hace llorar
Me haga abandonar la lucha para la que he nacido.
No soy débil, pero tampoco fuerte.



Solo necesito tiempo
Aunque sea algo que no vaya a parar jamás
Solo necesito un poco de esfuerzo
Aunque por mucho que me fuerzo
Es un belleza que no me deja parar
Aunque tu te interpongas un vez más.
No dejaré que tu vida me alcance jamás.


Porque quiero... porque necesito seguir
Cuando todo es un sueño que vale la pena vivir.
No pienso dejar que aquel recuerdo que me hace llorar
Me haga abandonar la lucha para la que he nacido.
No soy débil, pero tampoco fuerte
Simplemente, no dejo de soñar.



lunes, 17 de junio de 2013

                                         ALLÁ DONDE YO VOY

Allá, donde yo voy
hay árboles de mil formas
no envejecen,aunque pasen las horas
y siempre pendientes de dónde estoy

Allá, donde yo voy
hay un campo de pájaros ardientes
se intentan camuflar bajo el césped verde
siempre pendientes de cómo estoy.

Allá, donde yo voy
hay un lecho de hierve seca
donde siempre hay un hueco sobre el que recostarme
siempre pendiente de cuando estoy.

Allá, donde yo voy
hay sensaciones capaces de conquistar
mñas fuertes que las del amar
siempre pendientes, de la sensación que soy.
                                         SOY

Soy una sedienta de justicia
ahogada en un mundo gobernado por la codicia
Soy un pájaro en una jaula
soñando con sobrevolar la luna y su aura
Soy un ángel de alas negras
limpiando mis plumas con fuerzas y penas

Tengo una sensación
me permite liberar al amor
Tantos momentos de un solo color
todos con la misma intención
Sembrar el caos tras mis pasos
dejar dolores en tus brazos

Soy una palabra bella
medio muerta en una camino que sella.
Soy un árbol que canta
soñando con mostrar su voz que ahora guarda
Soy una mariposa que vuela
bajo la lluvia que moja sus alas para que muera.




                                        TU Y YO


Tú y yo, juntos para siempre
debajo de aquel árbol que a la vida miente.
Tú y yo, juntos  en la muerte
soñando con volver con algo de suerte.
Tú y yo, juntos por a noche
sobrevolando las calles, siendo más de las once.

Separarnos por aquel viento indeciso
después de mil batallas
e irnos en un momento preciso
sin poder recuperar las agallas
de volver a verte en el paraíso
y no poder evitar que te vayas
para siempre...

Tú y yo, juntos al atardecer
mirándote a los ojos sin poder creer
Tú y yo,juntos bajo la lluvia
Arrancando aquella flor que ahora es tuya
Tú y yo, juntos en la soledad
donde por fin solo reina la felicidad.

lunes, 15 de abril de 2013

Cuando la rabia te consume,
Cuando la razón se pierde,
Cuando el enfado crece,
Estas cegado de venganza,
Saciar tu sed, es crear dolor,
Es un círculo vicioso,
Un tiempo perdido en el sufrimiento,
Un momento fuera del alcance

Tu mirada brilla con sangre de maldad,
Tus palabras contienen la frialdad más cruel,
Son el alma y tu realidad,
Son el odio de tus ojos,
Tan bellos y a la vez dolorosos,
Olvidarlos es imposible,
Soñarlos es predecible,
Tan bellos...

¿Cómo puede lo malo ser bueno?
¿Cómo pueden gustarme los colores de su mirada?
¿Estoy loca?¿Me he perdido?
Tan bello... demasiado antinatural,
Deseo olvidar,
Pero no puedo luchar,
Me pierdo en sus ojos.

sábado, 13 de abril de 2013

Por esas sonrisas que aparecen sin desear,
Por esas lágrimas derramadas en soledad,
Por esos momentos que perduran en el futuro,
Por esos recuerdos que se distorsionan con el tiempo,
Por esos deseos que se convierten en encuentros,
Por esas imagenes que son realidades,
Por todas ellas...

Por esas personas que hacen soñar,
Por esas maravillas que te hacen desear,
Por esas sensaciones que se pierden en el corazón,
Por esas melodias que te hacen vivir un recuerdo,
Por esos recuerdos que no puedes olvidar,
Por esas miradas que lo dicen todo,
Por todas ellas...

Por volver a cer una puesta de sol contigo,
Por encontrarme conmigo en mis sueños,
Por tener que sentir otro encuerto con el mundo,
Por cumplir la promesa de mi destino
Por tener en mis manos lo que he sentido,
Por poder regalar mis palabras al universo,
Por todas ellas...