Aunque el tiempo
corriese en mi contra, no iba a parame en ningún momento. Rendirme no era una
opción. Los recursos se agotaban, y la vida del mundo se estaba balanceando
sobre la vida y la muerte. Y eso significaba la victoria de las tinieblas. Aquello,
era la peor pesadilla de mi vida .Por eso, y por todo, me forcé al máximo. Las
piernas me fallaban, y mi cabeza daba vueltas pero aun así, avanzaba. Podía
sentir las pisadas de los guardianes
detrás de mí, lo cual me alertó, así que decidí esconderme bajo una de las
ramas de un viejo árbol. Mi respiración entrecortada se filtraba por las hojas del
árbol, y tenía la esperanza de que no me
detectasen. Observaron por todos lados. Uno de ellos casi me ve al acercarse
demasiado, pero las grandes hojas me taparon, y pase desapercibida. Cuando por
fin, los guardianes desaparecieron, sentí un gran alivio. Era el momento de
reemprender la marcha. La luz casi no se filtraba en aquel bosque. No podía ver
hacia delante, pero no me quedó más remedio que seguir a mi instinto. Tampoco
era algo que me asustase, ya que confío en mi instinto y sé que me puede sacar
de esta. Mientras mi pelo se endereza con las ramas de los árboles más jóvenes,
no puedo para de sentir como el miedo se apodera de mi. El bosque es denso, y
mi destino se encuentra aun a mucha
distancia. No vale la pena rezar a los dioses, porque ellos no me iban a salvar
de esta. Y la esperanza ya se había perdido hace mucho tiempo. Y, de pronto, me
desvanecí en medio del bosque.
Los momentos siguientes fueron muy confusos. Estaba en una
ciudad, que parecía abandonada. Los techos estaban rotos, y se filtraban los
rayos del sol, el cielo estaba nublado, y las carreteras parecían tristes,
muertas. Sabía que todo era un sueño,
pero aún así continué deambulando por aquella silenciosa cuidad. De vez en
cuando oía cantar a algún pájaro perdido,
o sentía las miradas de los animales que habitaban estos escombros, pero
me daba igual. Todo era producto de mi imaginación. Pasaron las horas, y me iba sintiendo cada vez más relajada.
Llevaba meses sin sentirme así, pero no duro mucho tiempo. Unos pasos me
alertaron. Cualquiera diría que son de animales, pero yo se distinguirlos. Se
distinguir un animal de un guardián. Eché a correr todo lo rápido que pude,
pero él me alcazaba, y estaba cada vez más cerca, y más cerca…
El sonido de unos crujidos cercanos me despertaron .No
sabría decir cuánto tiempo he dormido, tal vez cinco minutos, tal ver media
hora, pero ahora esa no es mi primera preocupación. Con rapidez, saco una preciosa
daga de plata y me preparo para luchar, o para huir, depende de lo que me
convenga. Se va acercando, y con él, mis latidos van aumentando. Las hojas se
mueven, una respiración retumba en al aire...
-¿Cómo lo haces, Kate? ¡Siempre te pierdo de vista!- dice
una voz masculina, con un ligero tono sarcástico.
-¡Qué susto, Dane! Por un momento pensé...
-Ya sé lo que pensaste, lo intuyo, pero yo pensaba que
serías un poco más lista y te darías cuenta de que un guardián no haría tanto
ruido.
Con un suspiro de alivio, me vuelvo a tumbar en la hierba.
La noche se precipitaba en el cielo, y las estrellas conquistaban la oscuridad.
No pude evitar dejarme llevar por mis pensamientos. Si todo salía como era de
esperar, las cosas volverías a ser como antes, mi vida sería otra vez aquella
tranquilidad, aquel sentimiento de felicidad. Pero, por ahora, las cosas no
parecía que fueran a mejorar. Y aquello no hacía más que atormentarme. Y de
pronto, como si nunca nada hubiese valido la pena, como si mis sueños se
hubieran roto, rompí a llorar. Aquel llanto significaba el desahogo de todas
mis penas, de mis miedos, de mis frustraciones. Y pronto, me di cuenta de que no
volvería recuperar mi vida. Jamás.
La mañana siguiente, un
fuerte viento, hizo que Dane y yo buscáramos refugio en una alejada
zona. Divisamos una cueva, que aparentaba deshabitada. Aquel fue un golpe de
suerte. Encendimos una hoguera, deseando que el viento no la apagase. Parecía
que el mundo estaba tratando de alejarnos de nuestro destino y aquello me
irritaba. Sabía que estaba perdiendo el tiempo tratando de convencerme de lo
contrario. La esperanza estaba a punto de volver a aparecer, cuando el viento
empezó a amainar, pero una gran lluvia nos impidió avanzar y eso supuso un
retraso para nuestros planes. No podíamos perder más tiempo, y este retraso
suponía dos noches sin dormir.
No me paré a pensar en ningún momento que como saldríamos
del bosque. El tiempo corre, y si el tiempo te atrapa, has perdido la partida.
Veía como las gotas de agua caían al suelo, y aquello me hacía sentir sola.
-No estés triste, Kate. Tarde o temprano, todo acabará- dijo
Dane, en un fallido intento de consolarme.
-Nunca acabará. Yo seguiré corriendo del destino, como el
resto de la humanidad. ¿Y qué voy a ganar? Nada.
Sentía la comprensiva mirada de Dane. Yo no quiero que me
compadezca. Quiero que deje de tener esperanzas en algo imposible. Y así, con
un corazón oscuro, me adentré en el bosque, mientras la tormenta amenazaba bajo
mi cabeza.
Iba avanzando lentamente bajo la lluvia. Podía oír a Dane
llamándome desde la cueva, pero no quería volver. No pensaba volver.
El bosque empezó a recordarme a aquel sueño con la ciudad
abandonada. Todo tranquilo, todo triste, todo muerto de alma… o tal vez esa era
sensación que tenía de todo lo que me rodeaba. Era una percepción un tanto
fría, pero tal y cómo me sentía, me sorprendió que el cielo no me pareciese
“tétrico”. Llevaba ya bastante tiempo en el bosque, cuando me di cuenta de que
la lluvia ya casi se había ido. Con un suspiro de decepción, volví tras mis
pasos hacía la cueva. Cuando llegué, Dane ya había recogida las cosas, la
hoguera estaba apagada, y me miraba con cara de reproche.
-Al menos has tenido la decencia de llegar para salir a
tiempo.-dijo, con una mirada de enfado.
-Alégrate de que al menos haya decidido volver.
Dane no tenía la culpa de
que me sintiera vacía, pero no pude evitarlo. Con un gesto, nos
dirigimos hacía norte, con la esperanza de poder encontrar la salida. La
oscuridad de aquel lugar era inmensa, pero eso no nos detuvo. Avanzábamos
rápidamente bajo el lugar. El bosque era nuestro campo, habíamos nacido para
desplazarnos con facilidad por la tierra boscosa. Ya no estaba mareada ni
dolorida, y eso me permitía moverme con más libertad y confianza. Decidí
intentar subirme a un alto árbol, para ver si podía ver la salida. Tardé un
rato en llegar a la cima, y cuando lo hice, la vista me impactó. Los
árboles tapaba todo el terreno, haciendo
casi imposible la tarea de localizar a alguien desde el cielo. Había todo tipo
de árboles en aquel lugar, desde abetos floreciendo de la tierra, hasta pinos
que se balanceaban con elegancia. Las estaciones parece ser que no existían en
aquel lugar, ya que había de todo tipo de árboles. Desde verdes, como los de la
primavera, hasta blancos, como los que se cubren de nieve en invierno.
Hipnotizada por aquel fascinante lugar, casi se me olvida la razón para haber
subido al árbol. Divisé la salida a escasos metros de nosotros, así que bajé,
guardando en mi corazón la imagen de aquel bello lugar. Transmití a mi
compañero donde estaba la salida, y sin pensarlo dos veces, nos dirigimos
rápidamente hacía allí. Poco a poco, veíamos la luz delante de nosotros. Con el
corazón en un puño, apartamos las ramas y las hojas que nos tapaban, avanzando
hacía la salida del profundo bosque. La luz nos cegó la vista al principio.
Tuvimos que acostumbrarnos para poder
continuar. Habíamos llegado a las afueras de un pequeño pueblo. Las pobres
casas que estaban a lo lejos transmitían la pobreza en la que nos encontrábamos.
El agua escaseaba y todo el dinero acaba en manos del Predar, el centro
económico de Alnia. La gente se moría de hambre mientras ellos disfrutaban de
miles de comodidades, lo cual me ponía furiosa. Atravesamos el pueblo, no sin
un dolor en el pecho. El Predar pagaría por esto. Seguíamos caminando bajo el
sol abrasador. Me pareció increíble que hace unas horas estuviera lloviendo, y
ahora el sol nos este asfixiando, pero eso no era excusa para pararnos. Dane
tampoco llevaba bien el camino. Sus mejillas se habían pintado de rosa bajo el
calor, y su pelo negro estaba mojado del sudor. No tenía buena cara, así que le
di mi cantimplora con agua. Me lo agradeció con una sonrisa. La verdad es que
por ahora no tuvimos ningún problema, y eso no me parecía normal. Aquí pasaba
algo, pero lo pensé demasiado tarde. Una emboscada nos rodeo justo cuando yo
saqué mi daga. Eran tres, e iban a caballo. Si no actuaba ya, estaríamos
muertos. Sin pensarlo dos veces, clave mi daga en la pierna de uno de los
jinetes. Con un aullido de dolor, saltó del caballo y sacó una espada. Eso le
daba ventaja, pero su herida le volvía torpe. Dane sacó su arco y apuntó a uno
de los caballos más lejanos. Acertó un el corazón del animal. Su jinete cayó
rodando al suelo, inconsciente. Le quitó la espada y se acercó al tercero.
Mientras, mi contrincante me había herido el brazo con su espada, pero el
jinete, jadeante, no soportaba más. Se estaba desangrando. En ese momento de
confusión, cogí mi daga y se la clave en el corazón. No sentí compasión,
tampoco pena. No tenía razones. Vi como Dane intentaba vencer al tercero, y no
dude en acudir en su ayuda. Cogí la espada del muerto con el brazo bueno, y
corrí hacia ellos. Mi compañero había conseguido clavarle la espada en el pie,
pero esa no era una herida mortal. Se negaba a bajar del animal, y no tuvimos
más remedio que clavar mi daga en la
pierna del caballo. El pobre rugió de dolor, y el jinete saltó justo a tiempo
para no acabar inconsciente. Cogió su espada, y la calvó en la pierna de Dane.
Este cayó al suelo, y gimió de dolor.
Mientras el jinete celebraba su victoria, aproveché y me lancé sobre él con
toda mi furia. Rodamos cuesta abajo, deseando
tener yo ventaja. Me separé de él y me preparé para luchar. Aunque yo
estuviera herida, seguía siendo más ágil y veloz. Con un aullido, el jinete
corrió hacia mí, con la espada en el aire. Esquivé el ataque
torpemente, y pude sentir como me dolía amargamente el brazo. La herida era de
un tamaño considerable, pero no me pensaba rendir. Ataqué con la espada, pero
me bloqueo el ataque con la suya. Intentaba resistir, pero su fuerza era mayor.
Perdí el equilibrio, mi espada voló lejos de mi y caí de bruces al suelo. Con
una sanguinaria sonrisa, el jinete alzó su espada el aire. Estaba perdida. Todo
había sido en vano. Mi último pensamiento fue para Dane. Deseé que saliese con
vida. Su espada se acercó a mí…
Pero se paró en seco. Los ojos del jinete se habían abierto
de par en par, de la sorpresa. Miró hacia abajo, y no pudo creerlo. Una flecha
había atravesado su pecho, y la sangre caía. Su arma cayó, y se desplomó,
muerto. Mi corazón seguía latiendo con fuerza. No comprendí que estaba pasando.
De pronto, una voz masculina muy familia sonó de desde al cima de la cuesta:
-De nada, pequeña.- dijo Dane, con una sonrisa sarcástica.
-De nada, pequeña.- dijo Dane, con una sonrisa sarcástica.
-Pensé… que iba… a morir- dije entrecortadamente
-¿No confías en mi?-preguntó haciéndose en ofendido.
-Francamente, Dane, pensé que huirías.
-Ja -rió de una manera exagerada- ¿y dejar a una dama en
apuros? ¿Cómo voy ha hacer eso?
-Tenía pocas esperanzas- dije, aun con el corazón
latiéndome a mil por hora- Aaa, y Dane…
-¿Si?
-No me vuelvas a llamar pequeña. Tenemos la misma edad, no
te hagas el caballero grande y valiente. Porque si hay que describirte, te parecerías más a un viejo
loco que vive en un sótano.
Se puso reír. No se cómo lo hace, pero a cualquier situación
le encuentra una parte divertida. Me levanté, dolorida. Dane cojeaba. En aquel momento me di cuanta de que no sé
como vamos a avanzar.
-Tranquila, un caballo ha sobrevivido-dijo, adivinando en lo
que pensaba- y parece ser que quería mucho a su amo, porque no ha huido.
Primero subió él, y luego me ayudó a mí. Cargamos con las
cosas que pudimos quitarles los jinetes
que eran: tres espadas, un saquito con monedas y un cuchillo. Cabalgamos en
dirección a una antigua ciudad que se encontraba a una semana a pie. Pero
cabalgando, se reduciría a tres días sin descanso. Habíamos perdido mucho
tiempo, y no quedaba más remedio que cabalgar sin parar. Aunque era mejor eso,
que una semana a pie. Pronto cayó la noche y la oscuridad dificultaba nuestra
trayectoria. Yo caí rendida, sujetándome en Dane, mientras las estrellas
iluminaban la noche.
Me desperté al amanecer, algo confusa. Estábamos en un lugar
desconocido. Nunca lo había visto. Estaba desierto, tenía varias plantas medio
muertas en algunos lugares. El color del cielo naranja no ayudaba a que el
lugar pareciera acogedor. Se podías ver cabañas a lo lejos. Me pregunté cómo a alguien le
puede gustar este lugar.
-Buenos días, bella durmiente-dice Dane.
-¿Dónde estamos?
-¿Ni un “buenos días” siquiera?-pregunta.
-Bueno días. ¿Donde estamos?
-Supongo que sirve-suspira- estamos en el desierto de
Al-Dar. Ya casi lo hemos cruzado. Allí está La Ciudad del Olvido, que también
la tenemos que cruzar. ¿Y tú qué? ¿Cómo has dormido, princesita?
Ignoré el último comentario de Dane. Aun quedaba camino por
delante, pero ahora menos. Parece ser que la suerte estaba de nuestra parte.
Decidí examinar mi herida. Me asombré al ver que no se había infectado, y que
en unas semanas sanaría por completo.
-Dane… ¿Qué tal tu pierna?- pregunté
-No lo sé. No he tenido tiempo de examinarla.
-Pues mejor hacerlo. Si se ha infectado, sería mejor que
acudiésemos a pedir ayuda cuanto antes.
-Pero tenemos que…
-Esperarán. El trato con ellos no era encontrar El Libro de
la Procedía, a cambio de tu pierna.
Rió. No se si le hizo gracia, o si simplemente lo
necesitaba, pero me pareció un tanto triste. Hace unos meses jamás habría
bromado con algo así. Bajamos del caballo y miré la herida de Dane. No parecía
infectada, aunque era profunda, así que saqué de mi bolsa la última venda que
me quedaba, y se la puse a la herida, pero antes al rocié con agua. Él gimió,
pero no se opuso. Al acabar, subimos al caballo, esta vez yo a las riendas.
Pasamos el desierto de Al-Dar sin ningún problema, y nos dirigimos a La Ciudad
del Olvido. Aquel lugar me heló la sangre de las venas. Parecía una ciudad
fantasma, como esas de las leyendas. La niebla cubría el lugar, y el viento parecía
que tuviese vida. Avancé, algo más despacio ya que el caballo percibió mal
aquella cuidad. Y no le culpaba. Si pudiese, yo también me largaría. La
cruzamos en unas horas, y cuando la ciudad se perdió en el horizonte, me
tranquilicé. Ahora ya sé por qué la llaman La Cuidad del Olvido. Cualquiera la
desea olvidar.
-Nos estamos desviando, Kate
-¿Cómo? Pero si estoy siguiendo la ruta.
-Pues nos estamos desviando. Ahora mismo deberíamos ver el
mercado de la Plaza Vantía, y no está aquí. La veo muy al este nuestro.
Giré mi cabeza, y allí estaba. No comprendí por qué había
ocurrido eso, pero guié al caballo hasta allí. Rodeamos la cuidad en unas
horas. La música y la alegría del lugar me atraían, pero no podía pararme. Ya
habías parado una vez hoy y no nos podemos permitir el lujo de pasarlo bien.
Así que cabalgué hasta dejar atrás el mercado. La noche se asomaba, y todavía
no habíamos llegado a nuestro destino. Estábamos a las afueras de una pequeña
ciudad. Tras pasar esa ciudad, a una hora a caballo, estaba nuestro destino.
Aceleré todo lo que pude. Sentía los ronquidos de Dane. Había caído redondo. Se
había apoyado en mi, y me costaba trabajo cabalgar así. Pesaba más de lo que
imaginaba. En una noche crucé las afueras y la cuidad. El sol se asomaba en el
cielo y solo quedaba una hora para que nuestro viaje acabase. Una sonrisa se
asomó por míboca
-¿Dónde estamos?- preguntó Dane, algo somnoliento.
-¿Y el “buenos días”?
Sonrió. La verdad es que las cosas por fin marchaban bien.
-Buenos días
-Estamos a una hora de la casa del Maestro. Casi hemos
llegado.
-Espero que esto no sea un sueño.
-No lo es-respondo.
Mientras recorríamos el último tramo de camino, no podía
dejar de pensar en todo lo que estaba a punto de cambiar. Me pasé tiempo
soñando con vivir feliz, en una casa. Imaginé las fiestas y las sonrisas de
aquellos viejos recuerdos. Que los Magos Oscuros abandonasen aquel lugar, no
sin antes sufrir sin piedad. Que mi familia pudiese sonreír son el miedo
corriendo por sus venas. Que todo volviera a ser cómo antes. Me pase mucho
rato, soñando con la felicidad. Y de pronto el caballo se frenó en seco. Ya
habíamos llegado.
EL MAESTRO DE LOS PROSCRITOS
Rocé aquella vieja puerta de la casa de madera. De pronto,
sentí un cosquilleo que recorría mi cuerpo, y comprendí que la puerta estaba
sellada.
-Tenemos un problema. La puerta está sellada.
-¿Por qué?
-No lo sé, pero hay que largarse de aquí cuando antes.
-Por qué hay que…
No le dejé acabar la frase. Me alerté bajo la sensación de
presión. Cogí a Dane del brazo y corrí
lejos de aquella casa. Sentí el calor…
Y todo estalló en llamas. Llegué a tiempo para tirarme
encima de Dane y caer al suelo, para que no llegase ningún escombro hasta mí o
mi compañero. Tuve que toser para no asfixiarme
bajo las sofocantes llamas. Rodé por la llanura, y miré otra vez hacia la casa. Todo ardía bajo el fuego y brillaba con un ardor maligno. Dane se había incorporado y avanzaba hasta mí.
bajo las sofocantes llamas. Rodé por la llanura, y miré otra vez hacia la casa. Todo ardía bajo el fuego y brillaba con un ardor maligno. Dane se había incorporado y avanzaba hasta mí.
-¿Qué ha pasado?
-Todo ha ardido- dije, respondiendo a lo obvio- pero esto no lo ha hecho el Maestro. Alguien sabía que íbamos a estar aquí.
-Todo ha ardido- dije, respondiendo a lo obvio- pero esto no lo ha hecho el Maestro. Alguien sabía que íbamos a estar aquí.
-¿Cómo quien?
-El Caballero de la Oscuridad-dije, mientras mi voz se
ahogaba al pronunciar aquel nombre.
Recuerdo esa historia que se contaba por los pueblos
cercanos a la Plaza. Según aquellas leyendas, el Caballero de la Oscuridad era un mago de un corazón negro, que se alimentaba de las
almas de los más débiles. Cuando saciaba su sed, su poder era más fuerte que
nunca. Actuaba en lugares llenos de vida, ya que eran su debilidad. Según el
gobierno, el mago se encontraba encerrado en una prisión lejos de las vidas.
Pero cuentan los rumores más recientes, que ha huido, y aunque el gobierno lo
niega, todos saben que es verdad, que está oculto, que pronto actuará… y no ha
tardado demasiado.
-¿Pero que dices, Kate? ¿No te habrás dado con alguna roca o
algo?
-Piénsalo bien, Dane. ¿Quién sería capaz de crear algo tan maligno
en un lugar tan oculto? Nadie tiene el suficiente poder como para crear algo
tan… grande y destructivo. Además, nadie se iba a molestar en quemar esto… a
menos que sepan lo que nosotros sabemos. Ni siquiera el nigromante.
-Pero… ¿El Caballero de la Oscuridad? Suena descabellado.
-Haz caso a al muchacha-dijo un voz cansada y vieja, detrás
de nosotros- porque está en lo cierto.
No giramos a la vez. Un hombre de una estatura media, viejo,
y con la ropa gastada miraba donde antes se encontraba la casa de madera.
-¡Maestro!- grité, sin pensarlo dos veces.
-Katherine. Cuánto tiempo –dijo el Maestro- Estás horrible.
Pareces la protagonista de una película de terror. Anda, ven-dijo, y este se
fijó en Dane- tú también tienes que venir, Dane.
Agradecidos, le seguimos los dos por una senda que llevaba hasta en
corazón de un bosquecito. Este no tenía nada que ver con el otro que cruzaron
hace varios días. La luz aquí jugaba con las gotas de agua de las hojas de los
árboles, creando un arcoíris de colores tras ellos. Su belleza excepcional se
basaba en las flores, y los pájaros
cantaban alegres sintonías. Mientras yo me embobaba bajo los efectos relajantes
de aquel lugar, Dane se me movía como si
algo malo fuese a pasar. Intuía que algo iba a pasar. Tenía mala cara, así que
le miré interrogante. Este me miró un par de segundos, y me sonrió cálidamente.
Algo le rondaba por la cabeza, pero no me pensaba decir. Me giré hacia el
Maestro y vi que se había parado. Una gran casa de piedra se alzaba sobre
nosotros, grande y firme. Estaba rodeada
de pequeñas flores azules como el cristal que
se asomaban, tímidas, alrededor. La casa era alta, tanto, que superaba a
los árboles de mediana estatura. El Maestro abrió la puerta de la casa, y nos
invitó a entrar. Dentro, el ambiente era distinto. Los colores no abundaban lo
cual lo hacía bastante triste. No podías oír el cantar de los pájaros, y ningún
fuego alumbraba ni daba calor a aquel
lugar, pero lo prefería así. Después del pequeño accidente, el fuego sobraba
bajo cualquier circunstancia. La estancia tenía pocos muebles, todos de un
diseño clásico. La luz de fuera no mejoraba su aspecto, ya que era tan débil,
que prácticamente todo se iluminaba por una pequeña lámpara situada en la
esquina. El Maestro nos invitó a sentarnos en una cómoda que había.
-¿Lo tenéis?-preguntó
Los dos asentimos, y le dejamos junto a la mesita un viejo
libro. A simple parecía un libro como todos los demás, solo que algo más
elaborado. Y aunque solo se trataba de un libro, dentro contenía el secreto
para salvarlo todo.
-Los dos sabéis que
la energía de este mundo se está agotando. Pronto, todo lo que conocemos
no será más que escombros, fuego, destrucción y muerte – dijo el Maestro, con
un tono de voz muy serio- Por eso os envié a vosotros a buscar este libro. El
Libro de la Procedía contiene el secreto para que la energía vuelva a fluir por
nuestro mundo. Me he sorprendido lo mucho que habéis madurado los dos,
sobretodo tu Kate. Dane, tu en cambio has entendido por fin lo que es trabajo
en equipo. Formáis un gran equipo junto. El caso es que necesito leerme este
libro, y así comprender mejor este lugar. Y vosotros necesitáis descansar, así
que vamos a aclarar los detalles mañana. Pero lo que necesito de vosotros ahora
mismo es que digáis si el nigromante se encontraba donde estaba el libro.
-No se encontraba allí, pero si estaba cerca. Escapamos por
los pelos de sus guardianes por el bosque. L a pobre Kate se había desmayado y
yo no me conseguía orientar. Aunque los guardianes son fuertes, lo compensan en
estupidez- dijo Dane, sin poder evitar una carcajada.
-Vaya, así que guardianes… - murmuró el Maestro –ha empezado
a jugar sucio.
-Parece ser que si.- respondí- pero lo raro fue que los
guardianes nos esperaron fuera, después de coger el libro.
- Eso es porque la única manera de coger el libro, es si lo
deseas de verdad. Como nuestro querido nigromante no lo deseaba, no tuvo más
remedio que arriesgarse.
- No ganó mucho- dijo Dane.
-Bueno, chicos, id a descansar arriba. Yo me quedaré
inspeccionando el libro.
Subimos arriba. El cuarto de Dane era el primero, así que él
entró primero. Mi habitación se encontraba al final del pasillo y cuando entré,
no pudo evitar emocionarme. Todas mis viejas cosas se encontraban allí,
decorando la estancia. Cogí mi viejo gatito de peluche y lo abracé. Añoraba los
viejos tiempos, y esto era lo único que me quedaba. Me tumbé en la cama, y me
dormí, con la esperanza de ver en mis sueños
mis mejores recuerdos.
Por desgracia, las pesadillas ganaron otra vez. Un hombre
vestido de negro me perseguía por las calles de la Capital. Nadie se paraba
ayudarme, nadie me intentaba salvar. Ignoraban completamente mi presencia,
mientras el hombre avanzaba hasta donde yo estaba. Luchaba por correr, por
huir, pero estaba paralizada. Estaba cada vez más cerca. En menos de un minuto,
se encontraba frente a mí. Podía ver su pícara sonrisa bajo aquella capa que lo
cubría. Levantó la cabeza, y me observó en la penumbra.
-¿Dónde está el libro? – dijo, mientras su voz me causaba
escalofríos.
- No… no te lo diré- dije, aunque mi voz estaba llena de
terror.
Entonces rió. Sonó en las calles, sonó en mis oídos, sonó en
mi mente, y esta se quedaba grabada en mí, sintiendo cómo me destruía por
dentro. Y su quitó la capa. Su rostro era de una belleza oscura, elegante, pero
a la vez peligrosa. Era joven, más joven de lo que yo me podía imaginar, sus
ojos color miel me observaban, burlones.
-¿Dónde está el libro?- repitió- Dímelo, porque no volveré
repetirlo.
-¿Y que vas a hacer? ¿Matarme?- dije, con algo más de valía
– al fin y al cabo, yo no te sirvo para nada muerta.
-¿Matarte?- rió- Pero si esto es un sueño.
Estaba a punto de decir algo, cuando de pronto, vi que
estaba en mi habitación, sola, y con mi corazón todavía latiendo. Según el
reloj de la pared, había dormido tres horas. Y aunque el tiempo nunca fallaba,
juraría que solo habían sido diez minutos. Me levanté, y me di cuenta de que
estaba temblando. Me apoyé en una vieja mesita de noche, hasta que volví a
estar bien. Abrí la puerta de mi habitación y me dirigí hacia las escaleras de
abajo. Pero me paré delante de la puerta de Dane. Recordé cuando íbamos por el
bosquecillo, y su mirada asustada. Algo le pasaba, así que decidí entrar. Su
habitación estaba llena de cuadros viejos, de comics, y de libros. Eran sus
cosas de cuando era pequeño. Me pareció increíble aquella habitación. Era como
si no hubiera sitio para sus cosas. Le vi en el escritorio, leyendo. Me acerqué
a él y él me vio justo cuando estaba al lado suyo.
-¿Qué pasa? ¿Te sientes solita?- dijo irónicamente
- Dane, cuando estábamos en el bosque… ¿Qué era lo que te
preocupaba?
Se me quedó mirando un largo rato. Aquella mirada me hacía
sentir incómoda. Al final suspiró y me dijo:
-No era nada, Kate. Solo pensé que si eso lo había hecho el
Caballero de la Oscuridad, debió de hacerlo hace poco. Lo cual significaba que
nos debería de estar viendo en ese instante, y que nos podría seguir a
cualquier lugar.
Se me pusieron los pelos de punta. Tenía razón. Nos podría
haber estado observando desde el principio. Es más, nos podría estar viendo
ahora mismo. Podría habernos escuchado cuando estábamos hace unas horas
hablando, y puede que se estuviera riendo cuando la casa de madera estalló en
llamas. Aquello no era una buena noticia.
-¿¡Por qué me lo dices ahora!?-
le espeté
-Creía que simplemente era paranoias
mías.
- Te juro que…
No llegué a acabar la frase. Un
grito desde la planta baja me interrumpió. Los dos bajamos corriendo a ver lo
que sucedía. Cuando llegué, me quedé helada. El Maestro yacía, inerte, en el
suelo de la sala. Se veía si respiración débil, mientras su rostro, blanco como
la nieve, parecía muerto. A su lado, un hombre vestido de negro se reía,
mientras el sonido retumbaba en las
paredes. Reconocí aquella risa, reconocí su capa negra y reconocí aquella
sensación de pánico. Era el hombre de mi pesadilla.
-¿Quién eres?- preguntó Dane.
-Eso no es relevante- dijo el
hombre, y en la realidad, su voz era más suave que en mi pesadilla.
-¿Y por qué te escondes bajo esa
capa, cobarde?- dijo Dane.
-¿Esconderme? Tu amiga ya me ha
visto sin mi capa. ¿Por qué no le preguntas a ella?
Dane me miraba, sin comprender.
El miedo de mi corazón se fue transformando en furia. Respiré hondo. Le miré a los ojos, y grité:
-¡Fuera de aquí! ¡YA!
-¡Fuera de aquí! ¡YA!
Al principio, no dijo nada. Se
quedó mirándome. Volví a sentir el miedo, y me encontré otra vez en la
situación de mi pesadilla. Paralizada. Avanzó hacia el cuerpo del maestro, que
se encontraba a un paso de la muerte. Con todo el odio del mundo, le clavó en
el corazón una daga de plata, con una empuñadura con bordados del bosque. Miré
más detalladamente aquella daga tan familiar. Me horroricé al darme cuenta de
por qué me resultaba tan familiar. Era mi daga.
-Primero el deber, y luego la
diversión ¿no creéis?- dijo el hombre, aun con esa sonrisa.
-El Caballero de la Oscuridad-
murmuré.
Levanté la cabeza. El hombre rozó
el pecho del maestro, y una débil luz iluminó su cuerpo. Se estaba llevando el
alma del Maestro. Dolor, pena, ira, tristeza, furia… todo se llenó en mi
corazón de un solo golpe. Corrí hacía el Caballero de la Oscuridad y me lancé
sobre él. Cerré los ojos y deseé haber llegado a tiempo, que su alma volviese
a mi Maestro, que nada de esto estuviera pasando. Parece ser que le pillé por
sorpresa, porque no lo esquivó. Abrí los
ojos, y me topé con unos ojos de color miel, llenos de rabia. Pero no le temí.
Había matado a una de las personas más importantes de mi vida, mi única figura
paterna, mi único recuerdo vivo del pasado. Busqué mi daga, y de divisé al otro
lado de la habitación. No perdí un segundo más y salté a por ella. El Caballero
lo intentó, pero en vano. Dane le lanzó una flecha, con tanta precisión, que le
arrancó la capa. Y así dejó al descubierto su rostro, lo cual fue una sorpresa
para Dane. Joven, alto, con el pelo listo y algo largo. Su color era de un
marrón claro, tan claro, que lo confundías con el rubio. Y era demasiado
atractivo para ser un asesino. Pero yo no me inmuté, simplemente cogí mi daga e
intenté atacar por sorpresa. Dane y el Caballero se seguían mirando de arriba
abajo, cómo si se estuvieran estudiando.
Así que yo aproveche, y le cogí y puse mi daga en su cuello. Pero nada. Ni
furia, ni miedo, ni pena… era cómo si todo esto lo hubiese planeado con
antelación. Pero… ¿cómo iba a saber que
iba a ocurrir?
-¿Qué piensas hacer ahora, ehh,
Caballerito?- pregunté, algo sonriente
-No me vas a matar
-¿A, no?- dije, mientras clavaba
cada vez más fuerte mi daga en su cuello hasta que salió un hilillo de sangre -
bueno, lo haré, si antes no me dices donde está el libro.
Una exclamación de sorpresa
apareció por los rostros de Dane y del Caballero. El Caballero pensó que no me
había fijado, pero al fin y al cabo, tengo una buena vista. Dane, en cambio, ni
se había dado cuenta. Buscó en la mesa de trabajo del profesor, pero no lo
encontró. Me miró, interrogante, pero no era el momento de jugar a las
preguntas.
-¿Dónde está?- pregunté
Mi una respuesta fue una risita
que se sacó de quicio.
-¿¡Dónde está!?
-En otro lugar, donde jamás lo
encontrareis.
Ya no le soportaba más. Me
enfurecí tanto, que acabé por ponerme roja. Mi sangre hervía de rabia.
-¡¡HE DICHO QUE DÓNDE ESTÁ!!
De pronto, algo nos empujó a Dane
y a mi hacia el atrás cayéndonos al suelo. Mi vista se volvió borrosa, y mi
cabeza daba vueltas, pero parece ser que mi oído estaba bien porque antes de
desmayarme pude oír:
-Me puedes llamar Johan.
Y caí rendida en el suelo de la
habitación, junto al cuerpo del Maestro.
Me levanté, aun con la cabeza
dolorida. Vi a Dane en el otro lado de la habitación, inconsciente, así que me
arrastre hasta él, ya que no me podía levantar. Intenté despertarlo, pero solo
obtuve un quejido cómo respuesta. Aun estaba
confusa y no podía moverme bien. Decidí quedarme allí, al lado de Dane. Me
sentía sola, olvidada, cómo si fuese un peón en toda esta historia… me sentí
débil. Rompí a llorar, porque sabía que lo necesitaba. Necesitaba desahogarme,
necesitaba soltarlo todo. Cómo no nos dimos cuenta antes de todo, cómo… Y
entonces me figué de algo. Miré el cuerpo del Maestro. Llevaba encima una vieja
cadena de oro con una estrella como símbolo. Reconocería aquel collar a un
kilómetro de distancia. Era en collar de protección. Se utiliza cuando quieres
que la magia negra no te dañe. Entonces el Maestro debería haberlo supuesto
todo, sabía que el Caballero iba a venir, sabía que nos iba a robar el libro… y
sabía que iba a morir. No podíamos escapar, ya que él nos iba a seguir, y no
podíamos hacer nada para evitarlo. Así que lo único que podía hacer era
resistir y aguantar hasta que él llegase. Pero, claro, intentó sobrevivir.
Decidí intentar llegar a su escritorio. Parece ser que iba mejorando, ya que
ahora podía andar más o menos. Me acerqué al escritorio. Todo lleno de papeles
y hojas en sucio. Rebusqué entre sus cosas. Desordené papeles, libros, sobres,
cartas… todo. Debería encontrar en alguna parte sus apuntes sobre el libro, o
sus deducciones. No tardé demasiado en encontrarlo. Estaba envuelto en una
manta de color azul. Al desenvolverlo, encontré algo sorprendente. Se trataban
de miles de ojas, como si fuese un libro. Había reescrito el libro. Me alegré
mucho de la astucia de Maestro. Pero necesitábamos las deducciones. Miré el
final de las ojas, pero solo vi el final del libro. Debían estar por aquí. Miré
por todas partes, pero no las encontré. Aunque teníamos el libro, tardaríamos
siglos en descifrar lo que teníamos que hacer. En ese momento, Dane se
despertó. Me miraba, con sus ojos como esmeraldas. Me asusté al principio. Se apoyó en la pared, y
se acercó hacia mí.
-¿Qué estás haciendo?
-Buscar las deducciones del libro
del Maestro- dije, mientras una lágrima brotaba de mí
-Creo que la tiene el Maestro.
Antes de caerme al suelo y caer inconsciente, juraría que llevaba en el
bolsillo algo. Mira a ver.
Le mire, agradeciendo que se
hubiese fijado. Poco a poco, me acerqué a ver al bolsillo. Busqué y ahí estaba.
Un viejo sobre. Estaba a punto de abrirlo, cuando Dane me dijo.
-Antes, explícame cómo es que
habías visto ya al Caballero y cómo sabías que se había llevado el libro.
Me sorprendí. No le había
explicado lo del sueño, ni tampoco lo de mis pesadillas. Así que lo hice. Le
relaté cómo me perseguía por las calles, cómo me preguntó por el libro y cómo
se había colado en mi mente. Él me escuchaba serio, sin preguntar ni
interrumpir. Parecía sorprendido.
-¿Y por qué haría algo así? ¿Por
qué te iba a pregunta cuando era tan sencillo como robarlo?
-No lo sé. A lo mejor es que está
loco.
-No está loco. Simplemente es oscuro.
Y entonces recordé algo bastante extraño. Antes de caerme al
suelo y desmayarme, alguien me dijo “Me puedes llamar Johan”. ¿Sería el
Caballero? ¿Sería otra burla de él? ¿O simplemente me lo había imaginado?
-¿Estas bien, Kate? Tienes una cara…
-Si lo estoy, es que todo esto…
-No pasa nada. Te ayudaré
Y me abrazó. La verdad es que echaba de menos sentir a
alguien a mi lado. Ahora más que nunca necesitaba que alguien me apoyase.
-Bueno, princesita, ¿a que esperas? Abre el sobre.
Me reí. Ya no me molestaban
los motes ridículos ni las tonterías. Abrí con cuidado el sobre. Dentro,
estaba escrito esto:
Las cosas no mejoran. El Caballero no tardará en venir. Por eso, queridos,
Os dejo esta carta. Os cuento. He
hecho mis investigaciones, y llegado a la
Conclusión de que tenéis que
llegar la Cuidad del Olvido. Ya se que ya pasasteis por
Ahí, así que supongo que no
tendréis ningún problema para llegar hasta allí. Encontrad a
Nico, mi viejo amigo. Él os ayudará a
decidir donde tenis que ir, ya que a mi
No me ha dado tiempo ha
investigar acerca del libro. Por eso llevadle la copia del libro
Que hay encima de mi escritorio
en vuelta en una manta azul. Buena suerte
Maestro.
Doblé la
carta. Siempre iba un paso por delante de mí.Pero en ese momento me sentia perdida.Si me levataba iba a volver a recorrer un camino que no queria seguir.Pero ya era hora de dar la cara.Dar la cara por algo que deberia de haber acabado hace mucho tiempo.Me aparte de Dane y me levante.Estaba mareada asi que perdi el equilibrio, pero Dane me sujeto a tiempo.Subi arriba, recogi mis cosasa y avance hacia la puerta.Pero algo me sujeto.
-Estas segura de que queres ir ,Kate.Pareces...
-Debil?Tranquilo, lo he vivido mas veces.
-Eso no significa que lo tengas que volver a vivir.
-En realidad si.
Sali fuera con el paso acelerado.Habia mucho camino que recorrer, y sin un transporte, iba a ser duro.El sol me hacia la visao hacia delante casi imposible, mientras mis piernas todavia tembalaban ligeramente.Me empezaba a marear, por la fuerza del calor.Pero segui.No iba a abandonar a toda la humanidad a su suerte.Paso a paso, me iba apoyando a los arboles que habia a mi encuentro.Pero no agunate mucho.Pronto, tropece con una rama y cerre los ojos...
pero algo me agarro por la cintura.
-A donde vas sin mi?- fue lo ultimo que llegue a oir antes de caer en un profundo sueño.
Me encontraba en una habitacion oscura.Avanzaba sin rumbo hacia delante mientras intentaba comprender donde estaba.Paso poco tiemp, hasta que llegue a un vieja biblioteca, iluminada por una vela en la esquina.Revise los libros.Todos trataban de magia negra.Cada cual tenia una portada diferente, pero todas con el mismo titulo."El futuro de la magia negra".Cogi uno de los libros para ojearlo, pero una risa me interrumpio.Era diabolica, tanto, que me congelo los huesos.Lanze el libro hacia el lugar de donde provenia la risa, pero falle.Alli no habia nada.Avance para investigar la zona, pero todo estaba oscuro.Me fije en la vela que alumbraba los libros.La cogi y avance en la oscuridad.Solo habia una alfombra clasica y unos cuantos cuadros.Nada mas.Pero me di cuenta de que detras de mi habia un escalera.Conducia a la parte de arriba del lugar.Subi con precaucion, mientras el chirrido de las escaleras hacia que mi corazon se parase.Subi es ultimo escalon, pero justo entonces una mano me tapo la boca.Al principio pense que era Dane.Pero aquella voz tan infernal no podia ser suya:
-Vas a algun lado?
Intente deshacerme de su mano, pero no pude.Me cogio mas fuerte y se acerco a mi oido:
-O es que simplemente cotilleabas mis cosas?o crees que deberias pedirme permiso?
Intente decir algo, pero solo salio un gemido.
-Bueno, de todos modos, pronto sera tu casa.
El ultimo comentario me sorprendio, y antes de que pudiera reaccionar ya me habia despertado.Cabalgaba en un caballo, lejos de aquella casa.Dane dirigia al caballo.Estabamos de camino a casa de Nico a unas horas de la Ciudad del Olvido.Respire hondo.Era una bendicion ver la luz en vez de la oscuridad.
-Como has dormido, bella durmiente?
Normalmente comentarios asi los ignoraria, pero en vez de eso le abrace.Era mejor tenerle a el en vez de a cualquier otro que la menospreciase.
-Ehh que pasa, ni que hubieras teniado un pesadilla.
-No me pasa nda- respondi apresuradamente.- es solo que... te queria dar las gracias.Por todo.Sin ti... estaria muerta.
Se giro y me miro.Me oservo un buen rato hasta qeu al final dijo:
-Yo te debo mas.Te lo debo todo.Te debo tener con quien pasar mi vida.Te debo seguir aqui.Te debo que todavia confie en mi.Te debo mi fuerza.Porque tu me salvaste y me llevaste con el Maetro cuando todo en mi vida estaba perdido.Cuando mas te necesite... tu estabas alli.Gracias
No me lo esperaba.Le sonrei.Siempre esstaba alli cuando le necesitaba.Y aun asi me hace sentir bien.Como si nada importase.Apoye mi cabeza sobre su espalda.
-Estas segura de que queres ir ,Kate.Pareces...
-Debil?Tranquilo, lo he vivido mas veces.
-Eso no significa que lo tengas que volver a vivir.
-En realidad si.
Sali fuera con el paso acelerado.Habia mucho camino que recorrer, y sin un transporte, iba a ser duro.El sol me hacia la visao hacia delante casi imposible, mientras mis piernas todavia tembalaban ligeramente.Me empezaba a marear, por la fuerza del calor.Pero segui.No iba a abandonar a toda la humanidad a su suerte.Paso a paso, me iba apoyando a los arboles que habia a mi encuentro.Pero no agunate mucho.Pronto, tropece con una rama y cerre los ojos...
pero algo me agarro por la cintura.
-A donde vas sin mi?- fue lo ultimo que llegue a oir antes de caer en un profundo sueño.
Me encontraba en una habitacion oscura.Avanzaba sin rumbo hacia delante mientras intentaba comprender donde estaba.Paso poco tiemp, hasta que llegue a un vieja biblioteca, iluminada por una vela en la esquina.Revise los libros.Todos trataban de magia negra.Cada cual tenia una portada diferente, pero todas con el mismo titulo."El futuro de la magia negra".Cogi uno de los libros para ojearlo, pero una risa me interrumpio.Era diabolica, tanto, que me congelo los huesos.Lanze el libro hacia el lugar de donde provenia la risa, pero falle.Alli no habia nada.Avance para investigar la zona, pero todo estaba oscuro.Me fije en la vela que alumbraba los libros.La cogi y avance en la oscuridad.Solo habia una alfombra clasica y unos cuantos cuadros.Nada mas.Pero me di cuenta de que detras de mi habia un escalera.Conducia a la parte de arriba del lugar.Subi con precaucion, mientras el chirrido de las escaleras hacia que mi corazon se parase.Subi es ultimo escalon, pero justo entonces una mano me tapo la boca.Al principio pense que era Dane.Pero aquella voz tan infernal no podia ser suya:
-Vas a algun lado?
Intente deshacerme de su mano, pero no pude.Me cogio mas fuerte y se acerco a mi oido:
-O es que simplemente cotilleabas mis cosas?o crees que deberias pedirme permiso?
Intente decir algo, pero solo salio un gemido.
-Bueno, de todos modos, pronto sera tu casa.
El ultimo comentario me sorprendio, y antes de que pudiera reaccionar ya me habia despertado.Cabalgaba en un caballo, lejos de aquella casa.Dane dirigia al caballo.Estabamos de camino a casa de Nico a unas horas de la Ciudad del Olvido.Respire hondo.Era una bendicion ver la luz en vez de la oscuridad.
-Como has dormido, bella durmiente?
Normalmente comentarios asi los ignoraria, pero en vez de eso le abrace.Era mejor tenerle a el en vez de a cualquier otro que la menospreciase.
-Ehh que pasa, ni que hubieras teniado un pesadilla.
-No me pasa nda- respondi apresuradamente.- es solo que... te queria dar las gracias.Por todo.Sin ti... estaria muerta.
Se giro y me miro.Me oservo un buen rato hasta qeu al final dijo:
-Yo te debo mas.Te lo debo todo.Te debo tener con quien pasar mi vida.Te debo seguir aqui.Te debo que todavia confie en mi.Te debo mi fuerza.Porque tu me salvaste y me llevaste con el Maetro cuando todo en mi vida estaba perdido.Cuando mas te necesite... tu estabas alli.Gracias
No me lo esperaba.Le sonrei.Siempre esstaba alli cuando le necesitaba.Y aun asi me hace sentir bien.Como si nada importase.Apoye mi cabeza sobre su espalda.